miércoles, 31 de agosto de 2016

Nuestro gran récord ante argentina

La televisión a Venezuela llegó en la década de los ochenta, tal vez antes. Sólo unos pocos amantes de la modernidad y sin miedos a observar que el mundo avanzaba, porque hasta a eso le hemos tenido miedo, se inclinaron por comprar un equipo que como lo dijo “manuelito”, un compañero de trabajo de mi papá, lo transportaba a uno a observar eventos con mejor  perspectiva que los mismos presentes.

A los pueblo, la tecnología llega a caballo, y fue una odisea total que en mi casa llegara la TV. Bastó que mi abuela muriera en 1985 para que mi mamá llevara a casa un televisor a blanco y negro, marca RCA, de dos perillas, que le pertenecía pero que por la enfermedad de mi abuela, se lo había dejado a ella. Igual, ¿para qué?, sólo se venían dos canales, RCTV y Venevisión. Al mismo tiempo que la tecnología tocara la puerta de mi casa, aunque la lavadora ya era parte de la familia, montaron una antena repetidora en Mupate, una montaña que decora a Pueblo Llano y que mejoró la señal notablemente.

Eso cambió la dinámica del pueblo, la gente empezó a comprar televisores y yo veía como cada semana mi padre traía televisores en el bus que conducía, porque la gente quería vivir en carne propia lo que era ver una novela, Cine Millonario (se me cayó la cédula) o  el noticiero. Nosotros, dejamos de dar patadas a una pelota en el garaje de la casa, donde nos reuníamos hasta 10 niños para jugar una partidita. Ese grupo de notables deportistas se enfocó en enamorarse de Mazinger Z, una serie de TV oriental que desarmó mas de una “caimanera” de niños. La perilla del Tv bailaba entre el Zorro, otra serie de espada chines, si esa es la palabra correcta, y Mazinger Z y tarde a tarde, era la lucha por ver una de las series.

Una tarde cualquiera, RCTV el mismo canal que transmitía el Zorro, anunciaba un juego de Venezuela, no era conocida como La Vinotinto,  y enfocaba la cara de cada uno de los jugadores. Yo no los identificaba, pero promocionaba el juego con aquel gol de René Torres ante Argentina, que meses después se coronaría como la campeona mundial de México 86,  derrotando a Alemania con el mismo marcador con el que derrotó a Venezuela.

Ese gol, fue quizás mi primer acercamiento positivo con el fútbol nacional, y me dio esa sensación eterna de que los resultados históricos son eso, históricos, pero que afortunadamente la historia cambia, se reescribe.

            El tiempo, me dio para entender el fútbol y siendo cualquier aficionado me tocaba resaltar los logros del fútbol nacional. Era como patear una pelota con la cancha inclinada en contra, pero patada al fin. Luego  con papel en mano, me gustaba repasar las revistas y periódicos para hacer anotaciones que me dieran detalles y respaldar con números  mis patadas.
           
            Hace algunos años escuché la palabra Dejavu, esa que te lleva un tiempo atrás pero lo relacionas con algo del presente, y precisamente cuando anunciaron el juego entre Venezuela y Argentina  en Mérida, empecé a buscar relaciones entre esas tres palabras y lo único que encontré fue aquel metrallazo que le metió René Torres a Argentina luego de robarle la pelota a Daniel Pasarella, uno de los defensores con mas goles en el mundo.

            Ese juego, que según Lázaro Candal paralizó Venezuela por lo que representaba esa selección de Pumpido, Pasarella, Burruchaga, Maradona, Batista, entre otros, ante una devaluada Venezuela, representó el primer juego de eliminatoria de ambas selecciones con miras a México 86.

Argentina era un equipo fuerte en defensa, tanto así que salvo Venezuela y Perú en eliminatorias mundialistas además de  Alemania en la final del campeonato mundial México 86, fueron los únicos que le anotaron dos goles a los sureños. La prueba en defensa no terminó allí, porque en la Copa América de Argentina 1987, ningún equipo tampoco logró anotarle mas de un tanto y salvo la canariña en la Copa América de 1989 realizada en Brasil, su defensa era sinónimo de fortaleza y no permitía goles o sólo uno para los mas calificados, atrevidos y osados.  

La gran prueba venía en el venidero mundial de Italia 90, a defender su título, donde a pesar de llegar instancias finales y enfrentarse a potencias como Brasil, Italia, Yugoslavia y Alemania, estos últimos los más goleadores en la fase de grupos del torneo ninguno logró anidarle dos goles.


Pero mi inquietud fue mas allá. El de recibir dos anotaciones en premundiales sólo había sido posible en las eliminatorias para el mundial de México 1970. Desde ese año, fueron René Torre y Hébert Márquez los que le rompieron el maleficio. Hay que hacer notar, que Argentina no disputó algunos premundiales por ser sede y campeona mundial, pero igual es un récord que ostentan en los libros negros del bicampeón mundial.




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