miércoles, 3 de julio de 2024

Llorarás y llorarás

Pitazo inicial y la muchedumbre empezó a gritar, un exhalo  contenido de meses y años. Antes de eso, mucho fueron a sus escuelas, liceos y cualquier infortunado, pero añorado Lunes Cívico cantando el “Gloria al Bravo Pueblo” que ya sin nota calificativa, se canta a todo pulmón, con los acordes perfectos y desafiando el pentagrama de Juan José Landateta.

Los pases o mejor dicho compases iniciales fueron de Rondón, Machís y Bello. Los primeros, el Gladiador y Machis, conocido por casi todos, Bello apenas exaltado al Salón de la Fama por aquella media chilena del empate ante Brasil. Para un país cuya cultura futbolera es apenas joven, las deidades no se estampan en petroglifos al estilo Cerro Pintado del Amazonas, sino viven mientras su piel es Vinotinto.

Minutos de sosiego, de duda no, pero si de incapacidad. Pocos creyeron en una versión esporádica de Jamaica Bajo Cero, aquella proeza de los 80 llevada al cine. El vuelo de águila de Waite al minuto 40, con 9 jamaiquinos en el área, era la mas cercana que habíamos tenido hasta ese momento. Machis, con quizá su mejor partido de esta copa, necesitaba ese gol y toda una nación esparcida por el mundo también.

La de Salo, Aramburu y otra de Machís, todas por la izquierda tuvieron anteriormente el mismo cruel destino: Un grito unísono al universo que se extraña en algunos estadios de Venezuela. Algunos quizá nunca pisaron una cancha nacional, otros ni si quiera saben que Mineros de Guayana anda engavetado, que Deportivo Lara FC se quedó con los conos puestos para entrenar y desapareció.

En el entretiempo se tropezaron andinos y orientales. Lo único claro en esta ecuación es que en un territorio de 946.000 km², que por cierto los suizos nos llaman “un pequeño país de Sudamérica” a pesar de que seamos 20 veces mas grandes que ellos, hay una afinidad secreta, quizá enquistada. Los andinos silentes y por momentos pasivos, los de oriente altisonantes y extrovertidos.

Mientras la fila de cerveza y perro caliente calibraba el grado de desesperación de la gente, aquellos andinos y orientales, esta vez con mas gentilicios unidos y reunidos en Austin, hicieron vibrar el Q2 apenas iniciando la segunda parte. Fue el 25, pensaría alguien sin la nómina en mano, el “mechudito”, fue Bello gritaba todo el continente.

Si Eduard Bello apareció una vez más, como ante Ecuador, muy cerca del palo derecho y con dos pies de ingenio por delante de sus rivales. Y fue otra vez desde la izquierda de donde vino ese centro que Aramburu gestó quizá buscando a Salo, quizá buscando gloria. En mi pueblo, la expresión “awaite” significa espera o mira en forma de admiración, “Awaite el gol de Bello”.

Los partidos por televisión se analizan de una manera y en vivo de otra muy diferente. En el estadio, uno está más expuesto a la emoción de un gol, una jugada, un grito de aliento o desespero, pero por TV al colocarlo en 30, 40 o 50 pulgas, la emoción de enaniza y surgen los sabios del 4-4-2  o 3- 4-3. Por ese, Salomón nos desquició con esa proyección, ese entendimiento con Yangel como si jugaran en la calle solos, era el segundo y esta vez con un poco de suspenso.

Y creo que alguien frotó la lámpara porque Aladino no concede ni uno, ni dos sino tres deseos. “Tuti” Andrade de recambio ya había hecho magia, era su debut y como cualquiera que se pone por vez primera la Vinotinto, sabe que lo ven en casa, en su pueblo, su país. Que algunos excompañeros de clase se ufanaran de haber compartido salón y algunos futbolistas, de que le hicieron un túnel ficticio.

En alguna oportunidad le preguntaron a “Kun” Agüero sí hacer un gol en Anfield o Wembley era lo mismo que en una caimanera, y sin dejar de reír dijo que era lo mismo, que la sensación del delantero era eufóricamente similar. Entonces reaparece en la historia el “Tuti” y aparece Eric entre dos extenuados delanteros jamaiquinos, que apenas lo siguieron con la mirada y esperaron el sórdido 3-0.

Y vino a mi mente Minerven, por aquel de Ballet Azul. De eso se trató el resto del partido. La pelota paseando de pie en pie con huella venezolana, ¿Era eso peor qué un 4 a o?, Para los jamaiquinos si, era desnudarles no solo la defensa, con tres goles ya incrustados, sino la imprecisión de la delantera para robar una pelota. Y culminó con el grito “Invictos” por todo el estadio, con 9 puntos registrados y en una sección de la tribuna !Llorarás y Llorarás!.


 


domingo, 2 de octubre de 2016

Eso es que parece.. Argentina y Brasil son mejores.

Un TV  a blanco y negro es el centro de atención, no sólo de mi casa sino quizás de todos los niños de la cuadra. Todos empezamos a dejar la pelota quizás desinflada y el improvisado campo de fútbol para ver aquella serie japonesa de monstruos metálicos donde el Koyi y su  Mazinger Z luchaban contra el Doctor Infierno y me daba la primera idea de que los héroes existen y pueden salvar el mundo. Ese apego momentáneo por la TV surge de la instalación de una antena o repetidora que lograba colocar la señal de los dos canales mas importantes del país para ese entonces en Pueblo Llano, un un rinconcito, para aquella época ni en el mapa del estado Mérida.  Y aparece la promoción del juego de Venezuela para la copa América de 1987 con aquel enmarcado de René Torres y el papaíto candal gritando el gol contra la Argentina de Maradona que acababa de ser campeón Mundial. Palpaba la emoción de algunos amigos, pero el silencio se apoderaba del ambiente. En mi irreverencia de dueño de casa, el televisor, la cancha y quizás la pelota,  comento, ahora Venezuela va a ganar y mi hermano un año mayor me cacheteó con la frase, eso es que parece. ¿Verdad ojitos? Le preguntó a uno de los amigos mayores, quien debía su apodo a la inmensa montura de los lentes partidos, quizás por las siempre confrontaciones en canchas improvisadas. Ojitos lo afirmó, haciendo mueca con los labios que casi decía Brasil con aquella seguridad como que el cielo es azul, claro heredaba su opinión de sus hermanos mayores quienes habían visto consagrarse  al Brasil del 70 y de las imborrables huellas de su primer mundial y la Argentina del 86. A mis 10 años, tenía pocas armas para defenderme, aunque por el análisis de aquel momento, los argumentos eran escasos, pero esa frase me duró muchos años en la mente, y creo que muchos incluyendo jugadores, dirigentes, técnicos, no la escucharon pero no reposa, sino que cabalga en su percepción. Olvidé el comentario como quien olvida el “le voy a decir a su mamá” de la vecina y cuando llegas a casa, en efecto “ya lo sabe”. Vi un par de juegos y ahí estaba el tal Baena, pues rodaba el comentario en mi escuela de que era el mejor del mundo como también de que Venezuela estaba en vías de desarrollo.  Y  Baena se lanzaba para un lado y para el otro y papaíto Candal seguía cantando los goles de los rivales. Cambié al otro canal y la historia del fútbol venezolano se quedaba en el corazón que le ponían los chamitos en los Mundialitos que se realizaban en Caracas. Un buen sábado, mientras mi mamá planchaba, se empezó a calentar mi seguimiento por el fútbol venezolano. Ese mismo canal donde papaito Candal, aquel narrador gallego que había llegado a Venezuela a jugar el fútbol y luego se hizo comentarista, se veían imágenes de un Estudiantes de Mérida contra un equipo llamado Caracas. Mi impresión por la TV, quizás sería la misma que tuvo mi mamá o mi abuela con la plancha eléctrica, es decir con enchufarla no sólo se encendía un aparato sino además la modernidad, y saber que en una ciudad a 3 horas de mi pueblo se jugaba fútbol como en TV. Me impactó y se me grabó el nombre de Estudiantes de Mérida, sus colores. Por la cercanía de mi pueblo con Barinas, alguien alguna vez dijo, nuestro equipo se llama Zamora, en esas tardes en que cualquier nombre daba igual y al final del juego, nadie se acordaba el nombre del equipo. Me costó sacarme ese chip de que son mejores, y pues sigo reuniendo argumentos, como quien dice a su mamá, salí mal en el examen, pero sólo pasó uno. Se que hay o habemos algunos clones de Koyi, que defienden al fútbol del patio, y aunque a veces damos una cachetada a los doctores infiernos, de esos que apuestan poco y a lo fácil, porque a veces nuestro Mazinger Z …..es que parece. 


Jesús Alfredo Santiago
@jesusalfredosp

miércoles, 31 de agosto de 2016

Nuestro gran récord ante argentina

La televisión a Venezuela llegó en la década de los ochenta, tal vez antes. Sólo unos pocos amantes de la modernidad y sin miedos a observar que el mundo avanzaba, porque hasta a eso le hemos tenido miedo, se inclinaron por comprar un equipo que como lo dijo “manuelito”, un compañero de trabajo de mi papá, lo transportaba a uno a observar eventos con mejor  perspectiva que los mismos presentes.

A los pueblo, la tecnología llega a caballo, y fue una odisea total que en mi casa llegara la TV. Bastó que mi abuela muriera en 1985 para que mi mamá llevara a casa un televisor a blanco y negro, marca RCA, de dos perillas, que le pertenecía pero que por la enfermedad de mi abuela, se lo había dejado a ella. Igual, ¿para qué?, sólo se venían dos canales, RCTV y Venevisión. Al mismo tiempo que la tecnología tocara la puerta de mi casa, aunque la lavadora ya era parte de la familia, montaron una antena repetidora en Mupate, una montaña que decora a Pueblo Llano y que mejoró la señal notablemente.

Eso cambió la dinámica del pueblo, la gente empezó a comprar televisores y yo veía como cada semana mi padre traía televisores en el bus que conducía, porque la gente quería vivir en carne propia lo que era ver una novela, Cine Millonario (se me cayó la cédula) o  el noticiero. Nosotros, dejamos de dar patadas a una pelota en el garaje de la casa, donde nos reuníamos hasta 10 niños para jugar una partidita. Ese grupo de notables deportistas se enfocó en enamorarse de Mazinger Z, una serie de TV oriental que desarmó mas de una “caimanera” de niños. La perilla del Tv bailaba entre el Zorro, otra serie de espada chines, si esa es la palabra correcta, y Mazinger Z y tarde a tarde, era la lucha por ver una de las series.

Una tarde cualquiera, RCTV el mismo canal que transmitía el Zorro, anunciaba un juego de Venezuela, no era conocida como La Vinotinto,  y enfocaba la cara de cada uno de los jugadores. Yo no los identificaba, pero promocionaba el juego con aquel gol de René Torres ante Argentina, que meses después se coronaría como la campeona mundial de México 86,  derrotando a Alemania con el mismo marcador con el que derrotó a Venezuela.

Ese gol, fue quizás mi primer acercamiento positivo con el fútbol nacional, y me dio esa sensación eterna de que los resultados históricos son eso, históricos, pero que afortunadamente la historia cambia, se reescribe.

            El tiempo, me dio para entender el fútbol y siendo cualquier aficionado me tocaba resaltar los logros del fútbol nacional. Era como patear una pelota con la cancha inclinada en contra, pero patada al fin. Luego  con papel en mano, me gustaba repasar las revistas y periódicos para hacer anotaciones que me dieran detalles y respaldar con números  mis patadas.
           
            Hace algunos años escuché la palabra Dejavu, esa que te lleva un tiempo atrás pero lo relacionas con algo del presente, y precisamente cuando anunciaron el juego entre Venezuela y Argentina  en Mérida, empecé a buscar relaciones entre esas tres palabras y lo único que encontré fue aquel metrallazo que le metió René Torres a Argentina luego de robarle la pelota a Daniel Pasarella, uno de los defensores con mas goles en el mundo.

            Ese juego, que según Lázaro Candal paralizó Venezuela por lo que representaba esa selección de Pumpido, Pasarella, Burruchaga, Maradona, Batista, entre otros, ante una devaluada Venezuela, representó el primer juego de eliminatoria de ambas selecciones con miras a México 86.

Argentina era un equipo fuerte en defensa, tanto así que salvo Venezuela y Perú en eliminatorias mundialistas además de  Alemania en la final del campeonato mundial México 86, fueron los únicos que le anotaron dos goles a los sureños. La prueba en defensa no terminó allí, porque en la Copa América de Argentina 1987, ningún equipo tampoco logró anotarle mas de un tanto y salvo la canariña en la Copa América de 1989 realizada en Brasil, su defensa era sinónimo de fortaleza y no permitía goles o sólo uno para los mas calificados, atrevidos y osados.  

La gran prueba venía en el venidero mundial de Italia 90, a defender su título, donde a pesar de llegar instancias finales y enfrentarse a potencias como Brasil, Italia, Yugoslavia y Alemania, estos últimos los más goleadores en la fase de grupos del torneo ninguno logró anidarle dos goles.


Pero mi inquietud fue mas allá. El de recibir dos anotaciones en premundiales sólo había sido posible en las eliminatorias para el mundial de México 1970. Desde ese año, fueron René Torre y Hébert Márquez los que le rompieron el maleficio. Hay que hacer notar, que Argentina no disputó algunos premundiales por ser sede y campeona mundial, pero igual es un récord que ostentan en los libros negros del bicampeón mundial.




Sígueme y echemos cuentos  @jesusalfredosp

Si no me sigues te sigo, no es acoso.