domingo, 2 de octubre de 2016

Eso es que parece.. Argentina y Brasil son mejores.

Un TV  a blanco y negro es el centro de atención, no sólo de mi casa sino quizás de todos los niños de la cuadra. Todos empezamos a dejar la pelota quizás desinflada y el improvisado campo de fútbol para ver aquella serie japonesa de monstruos metálicos donde el Koyi y su  Mazinger Z luchaban contra el Doctor Infierno y me daba la primera idea de que los héroes existen y pueden salvar el mundo. Ese apego momentáneo por la TV surge de la instalación de una antena o repetidora que lograba colocar la señal de los dos canales mas importantes del país para ese entonces en Pueblo Llano, un un rinconcito, para aquella época ni en el mapa del estado Mérida.  Y aparece la promoción del juego de Venezuela para la copa América de 1987 con aquel enmarcado de René Torres y el papaíto candal gritando el gol contra la Argentina de Maradona que acababa de ser campeón Mundial. Palpaba la emoción de algunos amigos, pero el silencio se apoderaba del ambiente. En mi irreverencia de dueño de casa, el televisor, la cancha y quizás la pelota,  comento, ahora Venezuela va a ganar y mi hermano un año mayor me cacheteó con la frase, eso es que parece. ¿Verdad ojitos? Le preguntó a uno de los amigos mayores, quien debía su apodo a la inmensa montura de los lentes partidos, quizás por las siempre confrontaciones en canchas improvisadas. Ojitos lo afirmó, haciendo mueca con los labios que casi decía Brasil con aquella seguridad como que el cielo es azul, claro heredaba su opinión de sus hermanos mayores quienes habían visto consagrarse  al Brasil del 70 y de las imborrables huellas de su primer mundial y la Argentina del 86. A mis 10 años, tenía pocas armas para defenderme, aunque por el análisis de aquel momento, los argumentos eran escasos, pero esa frase me duró muchos años en la mente, y creo que muchos incluyendo jugadores, dirigentes, técnicos, no la escucharon pero no reposa, sino que cabalga en su percepción. Olvidé el comentario como quien olvida el “le voy a decir a su mamá” de la vecina y cuando llegas a casa, en efecto “ya lo sabe”. Vi un par de juegos y ahí estaba el tal Baena, pues rodaba el comentario en mi escuela de que era el mejor del mundo como también de que Venezuela estaba en vías de desarrollo.  Y  Baena se lanzaba para un lado y para el otro y papaíto Candal seguía cantando los goles de los rivales. Cambié al otro canal y la historia del fútbol venezolano se quedaba en el corazón que le ponían los chamitos en los Mundialitos que se realizaban en Caracas. Un buen sábado, mientras mi mamá planchaba, se empezó a calentar mi seguimiento por el fútbol venezolano. Ese mismo canal donde papaito Candal, aquel narrador gallego que había llegado a Venezuela a jugar el fútbol y luego se hizo comentarista, se veían imágenes de un Estudiantes de Mérida contra un equipo llamado Caracas. Mi impresión por la TV, quizás sería la misma que tuvo mi mamá o mi abuela con la plancha eléctrica, es decir con enchufarla no sólo se encendía un aparato sino además la modernidad, y saber que en una ciudad a 3 horas de mi pueblo se jugaba fútbol como en TV. Me impactó y se me grabó el nombre de Estudiantes de Mérida, sus colores. Por la cercanía de mi pueblo con Barinas, alguien alguna vez dijo, nuestro equipo se llama Zamora, en esas tardes en que cualquier nombre daba igual y al final del juego, nadie se acordaba el nombre del equipo. Me costó sacarme ese chip de que son mejores, y pues sigo reuniendo argumentos, como quien dice a su mamá, salí mal en el examen, pero sólo pasó uno. Se que hay o habemos algunos clones de Koyi, que defienden al fútbol del patio, y aunque a veces damos una cachetada a los doctores infiernos, de esos que apuestan poco y a lo fácil, porque a veces nuestro Mazinger Z …..es que parece. 


Jesús Alfredo Santiago
@jesusalfredosp